Archivos mensuales: Junio 2012

La Casa Gran de Reus

Durante la segunda mitad del siglo XIX varios importantes políticos decidieron instalarse en Torrellano, la mayoría con una residencia de verano, otros, como Francisco Bushell, con su primera vivienda. Al hacerlo apostaron por nuestra partida dándole un nuevo aire residencial, provocando con ello un cambio económico y social. Los considero una especie de pioneros y el jurista José Reus y García fue de los primeros en llegar.

Nació en Alicante el día 15 de marzo 1816 (en su partida de nacimiento viene con el nombre de José Mariano Antonio Buenaventura) hijo de Nicolás Reus y María García. De familia modesta tuvo que impartir clases para poder costearse la segunda enseñanza. Comenzó a cursar teología en Orihuela con la intención de ordenarse sacerdote, pero pasó a estudiar derecho y tras su licenciatura ejerció como abogado y docente.

Fundó la revista La Tribuna hasta que el pronunciamiento de 1843 le obligó a huir a Madrid donde trabajó como columnista y traductor. En 1848 la policía registró su despacho de abogado y fue detenido e incomunicado por sus actividades de carácter liberal. En el año 1852 fundó la Editorial Reus, especializada en derecho y donde se publicaban sus numerosos libros, un año después crea la Revista de Legislación y Jurisprudencia. Perteneció a la Real Academia de Jurisprudencia de Madrid y como masón a la logia Gran Oriente, llegando a alcanzar el grado de Gran Canciller.

Militante del Partido Progresista fue elegido diputado por Alicante en 1854, y senador en la turbulenta legislatura donde se proclamó la primera República.

Profesional y económicamente le fueron muy bien las cosas lo que le permitió comprar diversas propiedades, entre ellas unas tierras en Saladas (con derechos de agua del Fondo la Mina) y otras en Torrellano donde construyó una casa conocida como “La del Portichol”, pero que desde siempre todos los vecinos la hemos conocido como “Lo Reus”.

Con el paso del tiempo la casa fue adquiriendo más protagonismo en la vida de la familia Reus, especialmente dada por su hijo, Emilio Reus Bahamonde, nacido en 1858. Éste recibió una exquisita educación, se doctoró al mismo tiempo en filosofía y letras y derecho, escribiendo libros jurídicos, filosóficos, sobre biología evolutiva, así como obras de teatro. Rápidamente dirige la revista de su padre y se introduce en la política y en la masonería perteneciendo a la Gran Cámara de Ritos.

Magnifico orador milita en el Partido Democrático-Progresista, comenzando su meteórica carrera organizando actos político-sociales como el que aparece en el diario El Liberal, de fecha 10 de marzo de 1881, en el que hace referencia a un homenaje a los liberales alicantinos fusilados en 1844, y al que siguió un “notable banquete celebrado en el teatro Principal, han acogido otras manifestaciones de la democracia alicantina. El domingo se reunieron en la preciosa posesión que el Sr. Reus tiene en Portichol, término de Elche, hasta noventa y cuatro demócratas, invitados por el dueño de la casa a un fraternal y suntuoso banquete. Hubo muchos brindis y mucho entusiasmo…”. Días después se envía el siguiente telegrama a Madrid: “Elche 17, Reorganizado comité republicano progresista. Ciudad Elche, reunión 200 correligionarios, bajo la presidencia de Emilio Reus …”.

Salió elegido diputado a las cortes en el año 1884, con tan sólo 26 años.

Tras la muerte de su padre en 1883 invierte la inmensa fortuna heredada en la bolsa y pronto se codea con las altas esferas del país siendo un hombre de confianza del rey Alfonso XII, durante aquellos días se oían rumores de que pronto sería ministro. Eran tiempos muy felices, pero por sorpresa su carrera se ve truncada con la inesperada muerte del rey, lo que provoca el derrumbe de la bolsa madrileña perdiendo todo lo que tenía invertido en ella.

Emigra con su mujer e hija a Buenos Aires y comienza a trabajar partiendo de cero, al poco tiempo ya poseía quinientos mil pesos en oro, pero cada vez operaba con más riesgos en sus inversiones hasta que llegó su segunda quiebra.

Con sus deudas saldadas y su patrimonio liquidado se marchó al otro lado del Río de la Plata, a Montevideo, donde sus conocimientos jurídicos y su extraordinaria elocuencia convencen a inversores y gobierno uruguayo de que se le encargue la prevista creación del Banco Nacional, cosa que sucede en 1887. Uruguay comienza una frenética modernización, se pone de moda el estilo, la arquitectura y la cultura europea, Reus financia la construcción de barrios enteros, infraestructuras, elegantísimos edificios, llamando aquella nueva zona de la ciudad como Barrio Reus.

Su mente no paraba buscar nuevas empresas de todo tipo, agropecuarias, balnearios, minas de oro, etc… pero de nuevo pasó lo impensable, en 1890 quebró el banco inglés Barings Brothers, muy sobreexpuesto a la deuda soberana internacional, explotando la burbuja especulativa que vivía el país, sumiéndolo en una grave depresión económica. A Emilio Reus le llevó a la más estricta de las pobrezas.

Murió en el año 1891 a la temprana edad de 32 intensos años, marcando para siempre la nación gaucha, que llamó a aquellos años como la “época Reus”. Dejó una fabulosa herencia arquitectónica, y tras su muerte le dedicaron una calle y hubo una cuestación para levantarle un monumento. Ha pasado a la historia como un ambicioso especulador que, con sus arriesgadas maniobras financieras, llevó al país, junto con otras muchas circunstancias, a la ruina. En Uruguay se escribió de él que ni el mismísimo “Satán en persona no habría producido en Montevideo la revolución que en todas las clases sociales produjo la presencia de Emilio Reus”.

Sin embargo destacaría de él su gran preparación y capacidad emprendedora que sumada a su fascinante oratoria condujeron al país a un cambio sorprendente, pero esa noble ilusión de progreso la convirtieron en elevadas expectativas económicas y de ahí a la irracional y febril especulación. El haber muerto pobre nos muestra su gran implicación personal y patrimonial en todos sus proyectos, tras haberlo tenido todo a su alcance.

La finca de Torrellano fue heredada por su hermana Josefina Reus Bahamonde, casada con Julián Martínez, de cuyo matrimonio nació, entre otros, su hijo Julián Martínez Reus.

Padre e hijo militaron en el partido Reformista (de corte republicano, laicista y anticaciquil, y al que pertenecieron, entre otros, Manuel Azaña y José Ortega y Gasset) y por el que hicieron campaña como nos muestra la siguiente noticia aparecida en el diario La Libertad de 1913 en el que se muestra como vinieron “a pasar unos días en su hermosa finca “El Portichol” llamada por nosotros “La casa Gran de Reus”. El Sr. Martínez Reus, entusiasta reformista” … “donde se celebró con éste una larga e interesante conferencia sobre la marcha del Partido Reformista en la Circunscripción, de la que quedó muy satisfecho el Sr. Martínez. Por conocer el Sr. Martínez este término desde su infancia, goza de grandes simpatías entre estos campesinos, por lo cual no sería extraño que el Partido le designara candidato en la próximas elecciones …”.

Julián Martínez Reus tomó las riendas de la editorial fundada por su abuelo modernizándola y ampliando las publicaciones a otros ámbitos como la medicina, posteriormente fue nombrando Presidente de la Cámara del Libro y elegido concejal de Madrid.

Tras la proclamación de la Segunda Republica el partido en el que militaba cambió de nombre por el de Partido Republicano Liberal Democrático (de centro derecha), del que llegó a ser vicepresidente primero. Fue ejecutado por milicianos izquierdistas el día 8 de noviembre de 1936.

Los Reus solían pasar largas temporadas de descanso “su magnifica hacienda del Portichol”, desplazándose en verano a la playa del Postiguet para bañarse en el Mediterráneo, donde en una ocasión a Emilio Reus le llegaron a robar su reloj de oro.

En Lo Reus vivía un casero que se ocupaba de mantener la casa en buen estado y vigilada, y que a la vez servía a los señores cuando estos acudían. El primer casero fue Jaime Mollá Candela que se instaló a finales del siglo XIX junto con sus nueve hijos y resto de familia. Precisamente esa familia numerosa era lo más indicado para que la extensa finca rústica, de al menos 332 tahullas, contando además con una “almazara de piedras y prensas”,  estuviera bien atendida y en plena producción.

Con el paso del tiempo se arrendó parte de la casa y de los bancales, lo que proporcionaba a los propietarios unas rentas recurrentes. Posteriormente la finca fue vendiéndose por pequeñas parcelas, especialmente a los arrendatarios, llamadas “de Espinosa”, “del algarrobo”, “sur de la vía”, etc… y lo mismo ocurrió con la casa a la que cada vez más se le añadían más viviendas, que a su vez eran heredadas por mayor número de descendientes, convirtiéndose en un “roal”.

Una hacienda donde tres generaciones de Reus han vivido y veraneado con sus vicisitudes: José Reus fue un gran jurista y tiene dedicada una calle en Alicante, su hijo Emilio fue el referente de toda una época en Uruguay dando nombre a un peculiar y precioso barrio de la capital, y ambos, junto con Julián Martínez, dieron una intensa vida a Lo Reus.

Quisiera dedicar el presente artículo a Jacinta Navarro Mollá por  haberme endulzado los oíos 

con viejashistorias y enseñarme fotografías de un Torrellano muy antiguo donde aparecía lo que ella siempre llamó “su gran familia”.

 

Texto e imágenes: Juan Francisco Mollá

Editorial Crisol 59

Puede que solo sea una sensación mía, pero últimamente observo que hay un movimiento de recuper

ación del campo de Elche. De un afán de rescatar los viejos valores, las antiguas tradiciones, la memoria de las familias que hicieron y conformaron lo que hoy existe. Y es que, en cierta medida, el campo de Elche esta de moda. Los propios vecinos están por primera vez en mucho tiempo creyendo en su propio destino y orgullosos de su pasado. De repente el campo tiene futuro y todo un camino que andar. Numerosos movimientos sociales, en grupos o individuale

s, están colocando sus granitos de arena, en la red, en actos o en escritos para refundar el orgullo ilicitano de ser del campo. Atrás quedaron las décadas de los 60 y 70 donde la ciudad era la meca del trabajo. Hartos de buscar el dorado y de

ahogarse por el camino, las gentes de hoy estiman su calidad de vida no en el dinero sino en horas con la familia. La crisis ha comenzado a devolver a cada uno a su sitio con mayor o menor fortuna, y muchos miran hacia atrás preguntándose en qué hemos fallado. Cuando el futuro no parece lo mejor que nos puede pasar, se tiende a mirar al pasado y muchas veces a desandar lo andado, tratando de volver a cero para comenzar desde otros principios. No es extraño por tanto que después de tanta vorágine, miremos hacia atrás para buscar aquellos tiempos en que todo era más cabal y todo estaba en su sitio. Una especie de neoromanticismo de que cualquier pasado fue mejor. Ya lo decía Machado: “si miras hacia atrás verás el camino por el que no volverás a pasar”. Cuando la gente vuelve a sus orígenes, al seno materno de su historia, básicamente es porque tiene miedo a un mundo que le ha defraudado. La Gran Estafa.